En el marco del programa cultural del Carnaval Internacional Mazatlán 2026 “Arriba la Tambora”, la escritora mexicana Ana Clavel fue distinguida con el prestigioso Premio Mazatlán de Literatura por su obra Autobiografía de la piel. La ceremonia, cargada de alegría y emotividad, precedió al espectáculo escénico-musical “Sentimientos que dan orgullo”, una oda a la memoria artística de Sinaloa.
Presidieron la entrega del prestigiado galardón la Presidenta Municipal de Mazatán, Estrella Palacios Domínguez; el Director del Instituto Sinaloense de Cultura, Juan Salvador Avilés Ochoa; Iván Tostado, vicerrector de la UAS zona sur; el Director General del Instituto de Cultura de Mazatlán, Oscar García Osuna; Anahí I, Reina del Carnaval de Mazatlán 2026 y Mariana I, electa Reina de los Juegos Florales.
La piel como territorio literario
Durante su discurso de aceptación, Ana Clavel, quien cuenta con más de 40 años de trayectoria, se declaró “hija predilecta de Sinaloa”, recordando que su primer gran reconocimiento nacional fue el Premio Gilberto Owen en 1991.
Ana Clavel evocó su relación cercana con Mazatlán y Culiacán a través de talleres, presentaciones y encuentros literarios, así como su convivencia con figuras fundamentales de las letras mexicanas. Con una reflexión íntima sobre su oficio, habló de la escritura como un ejercicio ajeno a rituales solemnes, guiado más por la constancia y la experiencia que por la técnica, destacando la sencillez y profundidad del acto creativo.
“Los libros los escribo antes de empezar a escribirlos… poco a poco, la tentación de sentarse a escribir comienza a ser insoportable. Pero no cedo, no puedo empezar si no doy con la primera frase”, compartió.
Sobre la obra premiada, la escritora reveló que es su libro más personal, donde la piel toma el rol de protagonista, memoria y horizonte.
Al recibir este galardón, Ana Clavel se une a una lista histórica de laureados que incluye a figuras como Octavio Paz, Elena Poniatowska, Elsa Cross y José Gorostiza, este último el primer ganador en 1965.
“Sentimientos que dan orgullo”: Un viaje por el legado musical de Sinaloa
Tras la entrega del premio, el Teatro Ángela Peralta vibró con la puesta en escena “Sentimientos que dan orgullo”. Bajo la producción del Instituto Municipal de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán, el espectáculo fusionó música sinaloense, voces de primer nivel, ballet clásico y danza folclórica.
La velada recorrió las trayectorias de grandes artistas que han dado brillo a Sinaloa a través de la música y el cine, entre ellos: Pedro Infante, Luis Pérez Meza, Ana Gabriel, Lola Beltrán, José Alfredo Jiménez y José Ángel Espinosa “Ferrusquilla”.
En momentos que emocionaron al público las voces de Adán Pérez, Rebeca de Rueda y Sarah Holcombe dieron vida a clásicos como Cucurrucucú, Échame a mí la culpa, Nana Pancha, Ley del Monte, Cien años, Noches de Mazatlán, El Pávido Návido, Las Isabeles, La India Bonita y Es demasiado tarde, entre otras.
Los intérpretes estuvieron acompañados por Joel Juan Qui, al piano; Javier Aceves en el Contrabajo y Esteban Serrano en las percusiones. En la danza, bailarines de la Compañía de Ballet Clásico interpretaron coreografías de Eduardo Blanco y el Ballet Folclórico, con coreografías de Javier Arcadia, ambas agrupaciones pertenecientes al Instituto de Cultura de Mazatlán.
Durante la Velada de las Artes, el programa Sentimientos que dan orgullo rindió un sentido homenaje a Octavio Rivera Fárber, figura ejemplar de la vida cultural e intelectual de Mazatlán. El reconocimiento evocó su dimensión humanista, su ética sólida y la sensibilidad literaria que acompañó su trayectoria como jurista y notario público de referencia nacional.
El homenaje destacó su aportación a las letras y su vínculo profundo con el Premio Mazatlán de Literatura, así como el legado moral y afectivo que dejó como mazatleco ilustre, amigo entrañable y hombre íntegro.
El cierre no pudo ser otro que el estruendo de la Tambora Brissa Mazatleca, que junto a todo el elenco interpretó el Corrido de Mazatlán y El Sinaloense, sellando una noche que celebró la piel, la letra y la música de Sinaloa.






















