Volver arriba

Hay historias que no envejecen; se transforman. A veinticinco años de haber sido Reina de los Juegos Florales, Karina Dueñas regresa al corazón del Carnaval porteño no para repetir el pasado, sino para reconciliarlo con el presente. El Gobierno de Mazatlán y el Instituto Municipal de Cultura, Turismo y Arte le rendirán homenaje por su reinado de plata.

“Ser reina de los Juegos Florales fue un parteaguas en mi vida”, confiesa. No por el brillo efímero, sino por la responsabilidad de haber sido embajadora cultural de una tradición que Mazatlán ha defendido desde principios del siglo XX. La corona de los Juegos Florales representa las artes, la literatura y la poesía, esa dimensión profunda del carnaval que no se mide en decibeles, sino en palabras, símbolos y memoria.

Karina Dueñas, Reina de los Juegos Florales de la máxima fiesta en el año 2001, habla del carnaval como quien habla de una vocación. Recuerda cómo, desde 1906, los concursos literarios comenzaron a dar forma a una identidad que más tarde se formalizaría en 1937 con la figura de la Reina de los Juegos Florales, una reina distinta, marcada por la elegancia del pensamiento y el amor por la palabra. Para ella, esa corona —aunque invisible— la sigue portando con orgullo.

Volver ahora, como reina homenajeada, despierta emociones nuevas. Ya no es la joven que vivía el carnaval desde la intensidad del momento, sino la mujer que lo comparte con su hijo, su familia, sus afectos, transformando el desfile en un acto de herencia emocional: “Vivirlo con ellos, que estén cerca, es volver a sentirlo como hace 25 años, pero desde otro lugar”, dice con serenidad.

Entre risas y nostalgia, surgen las anécdotas: el viento de febrero jugando con su corona, el cetro que un día salió volando del carro alegórico y quedó como leyenda urbana, la complicidad del público, la risa compartida. Episodios que confirman que el carnaval también se construye con lo imprevisto, con lo humano.

Cuando se le pregunta qué mensaje daría a las nuevas generaciones que hoy participan en los Juegos Florales y en el carnaval, la Reina de Plata de los Juegos Florales responde sin solemnidad: “disfrútenlo. Ámenlo. Báilenlo. Vivan las fiestas, las coronaciones, la pirotecnia, el proceso mismo de ser candidatas”. Porque —afirma— desde el momento en que comienza la preparación, el carnaval ya se está viviendo, ya está formando carácter, seguridad y crecimiento personal.

El homenaje de este 2026 no es una despedida del pasado, sino un saludo al presente. Incluso su atuendo lo refleja, una reinterpretación simbólica, como un ave fénix, que conserva los colores de aquel vestido de hace 25 años, pero los actualiza con la experiencia, la madurez y la convicción de que innovar también es honrar.

Al final, cuando se le pide definir en una sola palabra lo que significó ser Reina de los Juegos Florales, Karina no duda: orgullo. Orgullo de haberse preparado, de haber soñado, de haber representado a la cultura y de seguir creyendo que el carnaval —además de fiesta— es identidad, arte y memoria compartida.

Así, Karina Dueñas vuelve al carnaval no como eco del ayer, sino como voz viva de una tradición que sigue escribiéndose. Porque en Mazatlán, la poesía también sabe desfilar.

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